lunes, 17 de abril de 2006

SEIS SABARARÍ* DEL CUAO

SEIS SABARARÍ* DEL CUAO
Participantes: Mariana, María Teresa, Monique, Marta, Adriana y Edilia.
Relato: Edilia C. de Borges / Fotografías: Mariana Vásquez
¡ Adiwa chabaraba! (saludos amigos, en dialecto Piaroa).Son las 8.57 de la mañana de un radiante día viernes. José Herrera amable piloto toma fotos a seis damas que sonrientes posan ante la escalerilla del pequeño avión de 19 pasajeros, que abordarán seguidamente para trasladarse en un tranquilo y apacible vuelo hasta la zona amazónica de Puerto Ayacucho a cuyo aeropuerto “Cacique Aramare” llegarán a las 10.34am. Es una instalación pequeña, pero organizada, ventilada y limpia. Al bajar del avión un brutal golpe de calor nos recibe con fuerza. Nos esperan acá Virgilio, nuestro organizador de logística y Elbis quien será el paciente guía en esta fascinante aventura. Objetivo: Subir hasta la cima del Tepuy El Cuao, lugar distante río Orinoco arriba, en plena selva amazónica. Retirados nuestros pesados morrales, en amplia camioneta somos trasladadas a 20 minutos hacia la ciudad, donde está nuestra posada. Nos cambiamos de ropa, dejamos guardado lo no indispensable y de una vez, en la misma camioneta, nos dirigimos ahora hacia el Puerto de Samariapo, distante unas 2 horas de Puerto Ayacucho. En el camino nos comimos “un taquito" de empanadas y jugos, observamos la piedra famosa de “La Tortuga”, el cerro de Piedras Pintadas, un herrumboso y solitario cañón antiguo escondido entre la maleza…Ya a la 1.53 de la tarde estamos en el puerto, esperándonos el bongo “Yutaje V” con motor fuera de borda, capacidad para 30 personas más enseres.Como nosotras éramos 6, pues estaríamos “hacinadas”. La carga, comida e implementos para 8 días ya estaban dentro. El piloto “Luis” daba los últimos toques de revisión. Entusiasmadas, nosotras observábamos los mil y un detalles de la actividad en el colorido y animado puerto: de una a otra barca se hacían compras y trueques de variadas mercancías, curiosas e inquisitivas miradas de los lugareños se enfilaban a nuestras personas como preguntándose: ¿Qué les daría a esas mujeres para irse río arriba cargadas de pesadas mochilas?...Nosotras, alborozadas y reidoras, con mirada expectante, tomando fotografías a diestra y siniestra…Todo listo, el bongo salió de Samariapo a las 2.30pm. Se nos ofrece un refrigerio y a las 4.50pm, soñolientas, llegamos al sitio denominado “La Boca del Cuao”, desviándonos a la derecha navegamos ahora el río Sipapo. Visitamos la Comunidad de Panare, solicitamos al señor Jaime (indio Piaroa) quien nos permitió que montáramos nuestro primer campamento en una zona de su propiedad a la orilla del río. Allí hay una techumbre de palma moriche sostenida en armazón de troncos de madera fuerte, sin paredes. Mientras Elbis, Luis y Leonel montaban los chinchorros con mosquiteros, encendían una fogata (posteriormente Monique se encargaría de mantenerla encendida) y montaban la olla para el condumio nocturno, nosotras colocamos nuestro “peroles” donde mejor estuviesen y de inmediato nos sumergimos en las cobrizas y frescas aguas. Posteriormente nos “bañamos de repelente” y luego de la cena y de una breve tertulia sentadas en una gran roca, pronto nos “enchinchorramos” a dormir, las tensiones del día nos rindieron al sueño. Esa noche llovió un poco, cosa que no nos importó para dormir muy bien. Temprano, al día siguiente nos levantamos con el olor del café recién hecho y la leña quemada. Tomamos el rico desayuno, recogimos nuestras cosas otra vez y de nuevo a navegar en esas aguas de color ocre que relucían al sol y que de tanto en tanto se interrumpían con el surgir de grandes rocas de paredes cortadas a picos como centinelas. Pasamos el raudal “El Muerciélago”, el de Picure. Algunas veces desembarcamos para visitar otras comunidades asentadas en las orillas del río, probamos allí un fruto “Copoazul”, redondeado, de corteza marrón claro, encerrando la ambrosía de su pulpa blanca de sabor agri-dulce. Dominador común de los pobladores es la timidez verbal con la cual se expresan estos indígenas, que transmite su experiencia de convivencia armónica con el ambiente en que viven, traduciéndose en poesía sencilla y transparente…Es otro mundo...Un mundo noble, simple y franco…Para el mediodía arribamos al campamento “El Raudal del Danto”.Mientras las orillas del río se ensanchan, se estrechan y las aguas se rebelan con gran fuerza, los “rápidos” se encabritan sobre el gran lecho de piedra que desciende en anchos escalones, el agua ruge embravecida, choca, se arremolina, salpica espuma. Un ritmo extraño, enorme e irregular que con cada golpe contra la roca parece hacer temblar la ecuanimidad de mi alma…Sólo hasta acá puede llegar el bongo... Esa noche dormimos en las rústicas pero confortables instalaciones. Nuestros chinchorros al aire libre observando el negro cielo salpicado de infinitas luces. Reclutando en la comunidad a quien sería nuestro baqueano, y dos porteadores más, uno de ellos una mujer...Eunice Mabaricuna, indígena Piaroa quien me asombraba todo el tiempo con su andar galano y elegante de pasarela y eso que llevaba en su espalda un wayare (cesta tejida para trasladar carga) de 15 kilos sujeta a su frente con una cinta de Macagua (liana vegetal sumamente resistente) y sus pies descalzos.
El bongo se quedó en éste río y ahora los 11 expedicionarios subimos a una curiara (es el barco del indio, su medio de vida) estrecha y engañosamente frágil, la cual nos llevó en cosa de media hora hasta un escondido recodo río arriba, donde desembarcamos para empezar lo más emocionante: caminar a través de la selva. La vegetación densa, miles de palmeras, al menos una docena de especies, ruidos que no habíamos oído (rugidos de monos aulladores y gritos de loros) rebotan a través de la espesura como saludos de viejos amigos. Hierbas pantanosas, arbustos bajos.
Muy pronto la humedad imperante nos hace sudar copiosamente. Caminamos en fila por aquél sendero de Danta, atravesando varios raichuelos por encima de troncos arbóreos sujetos firmemente al suelo por estacas largas y altas, viendo abajo el agua correr que si cayésemos refrescaría nuestros cuerpos...Dos horas apenas y llegamos al otro campamento situado a orillas del río Cuao…”El Salto de Piedra”. Ahora, por primera vez, avizoramos con mayor nitidez el tepuy. Imponente… Pensé... subiremos... alcanzaremos la cima... Acá, el río es un solo tobogán de 6 o más metros de ancho. El agua se vuelca con furia, a trechos blanco de espuma. Su rugido es fuerte, arrullaría esa noche nuestro dormir...Bajo el techo de la churuata sin paredes, abrimos nuestras carpas y luego de la última cena cómoda que tendríamos por unos días, se abrió el “garito tropical”, donde algunos demostrarían su astucia, sapiencia y adicción al juego del dominó. Antonio ( guía Piaroa ), alardeó de ello ganando todo el tiempo. A la mañana siguiente con cautelosos pasos de pies desnudos y ayudadas por los Piaroas, atravesamos el río con su lecho resbaloso de roca y algas, hacia nuestro objetivo: tepuy El Cuao ( tepuy en lengua indígena significa montaña). Su formación se remite a 400 millones de años. Es una “Isla en el tiempo” como alguien lo llamó, que se levanta abruptamente en pared vertical y con vegetación diferente en su base y en su cima..El Cuao tiene 1.400 m.s.n.m., según nos cuenta nuestro guía y baqueano. A él sólo han subido 4 expediciones, con la nuestra, sin llegar a la cima. Es una formación de meseta inserta en la Serranía del Cuao. Aunado a las manifestaciones culturales de los diferentes grupos indigenas, el paisaje de la selva, la presencia de innumerables aguas claras, rojas, negras, los saltos, raudales, cerros...este tepuy constituye un escenario de inigualable belleza que nos atrae hacia él como un imán. Esa mañana nos esperaba un largo y empinado camino que nos llevaría hasta “El Mirador” donde acamparíamos para luego atacar la cima...De nuevo el calor y la humedad reinante nos hace jadear; sin embargo las novedades y sorpresas que a cada recodo encontramos, (tarántulas enormes, raíces gruesas enrolladas como crinejas, Guambe - lianas muy cotizadas en la civilización -, Pandare - resina usada para tapar orificios y curar heridas -, Paují - pájaro -, Carana - resina del árbol para encender fuego-), … no daba lugar a sentir cansancio. Llegamos a un sitio despejado donde las inmensas formas rocosas parecían una corona obispal invertida, sombra y resguardo. Descansamos y comimos, pero al ver que llevábamos un muy buen tiempo decidimos seguir subiendo ese día para hacer campamento más cerca de la base del tepuy. Encontramos dificultad para subir las altas y resbalosas rocas, pero con ayuda lo hicimos...Arriba, el terreno se está volviendo delicado...El cuidado es extremo, el piso es sumamente frágil y hay muchos hoyos cubiertos con falsos musgos...Debemos escalar grandes piedras para poder continuar, utilizamos cuerdas y troncos cortados. El machete del baqueano no tiene reposo al desbroce de tanta maleza..Si hubo alguna vez sendero, ahora está escondido, tupido de vegetación. Sin aviso, una fuerte lluvia comienza a caer. Nubes negras cuajaban el cielo aumentando la sensación yerma. Enfrente, una enorme y sólida pared por donde se escurrían hilos delgados de agua, bautizamos ese sitio como “Las lágrimas del Cuao”. En la lluvia la inmensidad del paisaje era engañosa, debajo de nosotras un mar de nubes cubiertas de algodón borraban hasta ahora el visible río, el cielo se arremolina en mil tonalidades de grises y azules, los colores mezclándose con el follaje con lentitud y sutileza, que sentía que perdía el equilibrio y caía. Todo era monte mojado, no había porqué seguir caminando, habría que buscar refugio y pronto, antes que cayese la noche, la lluvia proseguía...No había lugar llano para montar campamento, así que en el camino mismo lo hicimos. Los ágiles y rápidos Piaroas desyerban, trozan, alisan terreno, disponen horquetas, le tienden un techo de plástico rígido que llevan e instalan un refugio. Limpian también 3 sitios donde se colocan en precario desnivel nuestras carpas..."Ya, listo"..Tenemos un amplio refugio..."Rancho Grande" le ponemos de nombre...Se enciende el fuego, una bebida caliente, un emparedado gustoso y todos con las ropas mojadas, nos acercámos unos a otros para buscar el calor...Un poquito de conversación y rápido a dormir, sigue lloviendo...En la mañana todos de pié en el barro, ropa húmeda, casi sin hambre, comemos algo y bajo el calor que ya se anuncia, dejamos el campamento para comenzar la ascensión a la última etapa...Ahora la pendiente es fuerte, a veces es también difícil por los obstáculos a salvar de rocas y paredes. Bastante peligroso, los pies se hunden en un colchón vegetal apenas sostenidos por troncos que sin aviso se rompen intempestivamente, las raíces firmes para agarrarse hay que buscarlas tanteando, el terreno es delgado. A veces el paso es tan angosto entre la pared de roca y el abismo, que hay que colocar un pasamano de cuerda...Formaciones geológicas monolíticas que surgen, fuentes de agua que más que fluír, explotan y hay que atraversarlas. Levitan columnas de niebla fría que nos estremecen, nos apretamos debajo de nuestros ponchos atizando la humedad del plástico con nuestro calor corporal hasta extremos insoportables. Empapadas y ansiosas, poniéndo toda nuestra fuerza en los dedos que encontraban pequeñas grietas y protuberancias, poco a poco subíamos en silencio tratando de no molestar al Espíritu Salvaje Mawari que se mete en el cuerpo y el único que puede sacarlo es el Chamán (curandero). Adriana una y otra vez se le va la mirada a su altímetro...Subíamos en forma abrupta pero con gran conciencia y orgullo contorneando los costados de la pared con todos los esfuerzos concentrados en llegar a la cumbre… Y lo hicimos…Habíamos salido del último campamento...”El Sabararí del Cuao” a las 8.30 de la mañana y alcanzamos la cima a las 11.30am. Estábamos en una curva formada por rocas, no paraba de llover, el cielo era gris, todo era neblina y un fuerte viento se alzó produciendo un gran rumor...Queríamos llegar aún más allá, Elbis nos había hablado de una laguna y otras maravillas...pero se impuso la prudencia…Ese tiempo, el desbroce del camino que retrasaría la caminata, y contando las horas que nos llevaría el descenso que habría de ser más lento, nos hizo concluir que era peligroso continuar...Después de almorzar bajaríamos...Mucha cautela para bajar y mientras lo hacemos el tiempo comienza a cambiar, hay un tímido sol asomándose, para cuando llegamos al campamento el cielo está despejado. Parecería que el tepuy no quería que lo conociéramos del todo...Ya con nuestro objetivo alcanzado, al día siguiente regresamos lentamente al Salto de Piedra, donde nos dimos el gran baño purificador y con las cabezas coronadas y enjoyados nuestros brazos con tiaras y pulseras trenzadas hábilmente con lianas por Eunice, y nuestros recuerdos vívidos de la culebra asustadora de Marta, los gritos angustiantes de Ana T. por la presencia de cucarachas en su mosquitero, los misterios y leyendas narrados por los Piaroas, no sin antes darnos el último baño en el Raudal de los Murciélagos, regresamos a Puerto Ayacucho, ya sólo nos restaba conocerlo. Visitamos entonces el magnifico Museo Etnológico, el mercado artesanal, el pueblo colombiano de Casuarito (atravesando el Orinoco) y como colofón felíz de esta aventura el restaurant La Pusana (nombre de un perfume vegetal que atrae al sexo opuesto). El dueño del establecimiento pensó que también atraería a los comensales...Allí el festín fue de fábula, el opíparo almuerzo lo constituyeron exóticas carnes de caza: váquiro, danta, chiguire...sopa de “Ajicero”...picante, picante…picillo de pescado...crocantes bachacos gigantes, casabe, mañoco - harina de yuca -, Catara, picante , Yucuta (jugo de fruta mezclado con mañoco) de Manaca, Seje, Túpiro y postre de Túpiro servido en su misma corteza y en plato de arcilla…Y así culmina nuestra excitante aventura a El Cuao…de las seis "sabararí"... felices...hermanadas por la convivencia de 8 días de un interesante viaje que colmó nuestras expectativas.
Nos vemos en la próxima,
Edilia C. de Borges
*Sabararí : (personas no indígenas). Asistentes: Mariana Vásquez, Monique Loho, Adriana López, Marta Matos, Ana Teresa Sánchez y Edilia C. de Borges .

lunes, 19 de diciembre de 2005

MONTAÑISTAS VENEZOLANAS EN LAS NIEVES COLOMBIANAS

MONTAÑISTAS VENEZOLANAS EN LA SIERRA NEVADA
DE COLOMBIA
Un encuentro con la maravillosa naturaleza de la Sierra Nevada de Güicán, El Cocuy y Chita, en el Parque Nacional Natural El Cocuy en Colombia, fue el compromiso que cuatro mujeres venezolanas decidimos asumir en pos de alcanzar las dos cumbres más altas de esta cresta máxima en la Cordillera Oriental.
El recorrido...


9.26 p.m., en un sector de la ciudad de Caracas, tres amigas suben a un cómodo autobús que las llevará en un recorrido de 14 horas hasta la ciudad de San Cristóbal, Edo. Táchira al oeste del país. Allí en el Terminal de Autobuses ya las esperaba Lucy Rincón, otra amiga, experta montañista integrante del Grupo Taz-cupí en Mérida, sería nuestra guía en esta maravillosa aventura. Guardamos nuestros equipajes, desayunamos algo ligero en el mismo Terminal y luego abordamos un taxi y nos trasladanos a la frontera, (Venezuela-Colombia), 30 minutos distante para solicitar allí la Visa Andina que nos permitiría ingresar legalmente a Colombia. Listo el trámite, ingresamos a la ciudad de Cúcuta y fuimos al Terminal de Autobuses, cambiamos dinero de bolívares a pesos, almorzamos por allí mismo (no es prudente alejarse mucho del Terminal). Eran las 4.20 de la tarde y el autobús saldría a las 6 p.m., por ello nos sentamos a esperar que fuese la hora de salida del autobús para trasladarnos a Capitanejo. (Línea Concorde). En un autobús no tan cómodo salimos a las 6 p.m.. y atravesamos los pueblos de Pamplona, Chitagá, Cerrito, Concepción, Málaga, Guacamaya, El Espino y Panqueba, llegando a Capitanejo a las 3 a.m.,(debido a la hora y la obscuridad casi total no pudimos observar casi nada del pueblo). No tuvimos que esperar mucho, de inmediato hicimos traslado a un nuevo transporte de la misma Línea que nos llevaría esta vez hasta el pueblo de El Cocuy. Transitamos por una carretera de tierra, dando tumbos por los baches en ella. Llegamos temprano casi a las 7 a.m.
El pueblo del Cocuy...

Sus habitantes son una mezcla de 3 culturas diferentes: Los Uwa, indígenas originarios, los llaneros y los campesinos de zonas altas. Conviven en feliz y plácida armonía. Un clima ya friolero. Calles aledañas pavimentadas convergen todas en la principal, donde se ubican los comercios y ésta a su vez rodea el corazón del pueblo. La plaza es amplia y despejada de árboles y flores. En una esquina llama la atención una gran maqueta donde con suma habilidad y exactitud se ha reproducido la Sierra Nevada, bastante útil para que el montañista que piensa ir a sus picos pueda darse una idea del terreno a explorar. Una iglesia colonial de una sola torre donde se balancea la broncínea campana que llama a misa.
Nuestra posada se encuentra precisamente a un costado de esta plaza.“Casa Vieja” y vaya que lo es, antiquísima. La regenta un joven matrimonio con un bebé, simples y sencillos que apenas nos saludan e indican la habitación nos dejan solas...Aparte de su construcción antigua descuidada y muchos tiestos con hermosas flores en un patio central, no tiene nada de especial. Digo sí: el agua caliente en la ducha…Pero no importa, para nosotras será sólo un dormitorio ocasional. Nos instalamos en un cuarto grande con cuatro camas. Ese día en el pueblo celebraban una Feria Ganadera, así que curiosas, dejamos nuestras cosas y nos fuimos a recorrer el pueblo, hacer compra de última hora de algunos víveres y solicitar el permiso de entrada al Parque. Por cierto que en las oficinas del PNN, fuimos atendidas muy bien por dos jóvenes encargados. Cancelamos el valor de ingreso al parque ($ 20.000 c/u.). Aturdimos a preguntas a los jóvenes funcionarios, ellos nos facilitaron planos y literatura diversa y hasta nos ofrecieron su colaboración (tienen allí un banco de datos para ello) para conseguir transportes y cualquier otro cosa que nos hiciera falta. Eficientes y cordiales. Pasamos por una calle cerrada en sus extremos con conos plásticos para impedir el paso de vehículos, allí están las instalaciones de la policía local, en una de sus esquinas levantaron una “trinchera” de sacos de yute color verde olivo y rellenos de arena, con una pequeña abertura como puerta a un costado y al frente una ventana con fines de observación. Esto está calculado a los fines de defensa de la Institución, si se diera el caso, que ya lo hubo en el pasado, por parte de guerrilleros. Almorzamos en la “Feria”, instalada en una de las calles, concurrida y con atracciones para niños y jóvenes con puestos de venta diversos. El desfile de ganado ya había pasado. Allí hay unos galpones con diferentes cubículos en donde señoras ofrecían comida casera. Nos sentamos a la mesa de uno de ellos y lamento decir que no pude tomarte el “Mute” (sopa a base de maíz) ni comerme aquella enorme costilla de cordero asada, chorreante de grasa. Me contenté con una bola de masa de maíz rellena con algo, tipo pastelito y algunos dulces y gaseosa...Esa noche estuvimos largo rato en un “Café” instalado en el 2do. piso de una casa enfrente de la plaza. Cálido y acogedor. En la carta se ofrecía “Capuchino”, con el friíto que hacía me provocó y lo pedí:Recibí un humeante tazón de leche caliente, con olor a café y con unos cuantos granos de canela flotando en su superficie…Me imagino que es al estilo “Capuchino-Cocuy”.
Iniciando la caminata...


Muy temprano estábamos todas sentadas en la acera frente a la posada, esperábamos al autobús “Lechero”, llegó puntual a las 5.48 a.m., saltando entre pilas de quesos y cántaros grandes con leche recién ordeñada, con un olor muy peculiar en el ambiente, logramos sentarnos en uno de los pocos asientos (el espacio mayor está destinado a la carga). Respetuoso, amable, servicial y risueño el chofer del bus cada tanto lo detenía , para subir pasajeros o bajar leche. Variopinto los pasajeros. Uno llevaba en sus brazos un gallo de pelea, otra una cesta con frutos, las señoras todas con un sombrero pequeño de fieltro en la cabeza y un manto a los hombros, cruzado en el pecho, recordando a las señoras de Bolivia...Subió un grupo de muchachos que también ascenderían la montaña pero por otra ruta (nos acompañarían un trecho cuando camináramos)...Lentamente el bus ascendía la ladera por una carretera angosta y polvorienta. Con visión de paisajes preciosos tocados por una orilla de sol…Llegamos al "Alto de la Cueva" , nos esperaba un arriero y dos caballos fuertes, hermosos y mansos y también nos esperan soldados destacados en la zona. Corteses nos interpelaron y solicitaron nuestros documentos de identidad, tomando y escribiendo nuestros datos, cediéndonos luego el paso con sus buenos deseos…Tienen mucho tiempo por allí ( lo supe hablando yo con algunos de ellos, casi hasta 7 meses sin ver a la familia). Este procedimiento se repetiría una y otra vez por el camino, la zona está militarizada completamente. A veces veíamos su campamento, otras no, pero nos sabíamos observadas. Con nosotras siempre fueron muy amables, respetuosos y solícitos, Cordializamos con ellos. Ayudaron al arriero a montar nuestras cargas en los caballos, nos tomamos fotografías y les obsequiamos con golosinas que en mucho tiempo no han podido saborear. Dejamos a los soldados y comenzamos ahora la caminata. Edgar Arciniegas (el arriero) y sus caballos pronto nos dejaron atrás...Me invitó a subir en uno de los animales y acepté gustosa para facilitarme las tres primeras subidas, pero casi de inmediato me arrepentí, la falta de costumbre y el montar “a pelo” resbalándome continuamente, me hicieron bajar. Sin embargo como el camino ahora era de bajada me fue muy fácil caminar…Sola (sabiendo al arriero adelante y a mis amigas atrás) pronto llegué a un paraje llamado “Hotelito”, es un área escondida entre piedras, hierba corta y arbustos no muy altos, con un manantial escondido de donde sale un pequeño y frío riachuelo . Resguardado del viento es un lugar idóneo para acampar. Estamos en la zona llamada Lagunillas, si se sigue el camino hacia la derecha está la Laguna Pintada, otro sitio muy bello para camping, pero abierto al viento. Junto a Edgar y los caballos esperé un breve tiempo hasta que llegaron mis compañeras. Llegaron y Edgard se despidió con el compromiso de ir a buscarnos a los dos días en el mismo sitio. Nosotras armamos nuestras carpas, curioseamos los alrededores (hay avisos de señalización hacia : Pico Pan de Azúcar, otro El Púlpito -5-007 metros y Recomendaciones para el usuario), cenamos y nos dispusimos a dormir apenas obscureció, cansadas de tantas emociones, además al día siguiente subiríamos al Pico Pan de Azúcar muy temprano. Una esplendorosa luna llena nos iluminó, un frío tolerable. Pudimos descansar muy bien.
Pan de Azúcar...
A las 4 de la madrugada ya estábamos en pie. Lucy nos obsequió con un brebaje de gelatina caliente y galletas que aceptamos golosas. A esa hora no provocaba otra cosa. Con las cosas necesarias en nuestros morrales de ataque y linterna en la frente, friolentas, comenzamos la travesía. Un sendero marcado serpenteaba entre rocas, bastante empinado...Al terminar éste en el filo de la primera colina, doblamos a la derecha para trepar por un trecho de placas lisas pero con mucho agarre, no estaban mojadas y por ende no estaban resbaladizas.Largo...Esto y la subida de la primera cuesta y la altitud, consumieron parte de nuestras energías. De nuevo en la fila de la montaña y doblando a la derecha nos encontramos de seguida con el comienzo del glaciar. Nos colocamos los crampones y demás implementos para caminar por la nieve. La luz del amanecer ya estaba más diáfana. Nuestra guía comenzó dirigiendo nuestra cordada acometiendo hacia la izquierda del glaciar con sumo cuidado y tientos pasos. Sin embargo y de improviso Lucy se encontró sobre una grieta que no se percibía a simple vista..Su pericia y reacción a tiempo, dándonos el alerta, nos permitió saltar en zig-zag. Segunda en la cordada, asustada percibí el ruido sordo del agua bajo mis pies y atisbé en un pestañeo su correr verde y torrentoso. Con el grito de Lucy alertándonos, al unísono vi que el piolet de Grisel al apoyarlo en la nieve se hundía en ella hasta la empuñadura. La rapidez de acción y seguridad de nuestra guía, permitió que en esos momentos de pánico respondiéramos con rapidez, salvando el obstáculo prontamente y sin consecuencias. Ahora bocas abiertas contemplamos una mole de piedra muy alta, una pared de roca sólida, desafiante...Es el Púlpito del Diablo. Se yergue sola a un costado de la cumbre del Pan de Azúcar, la custodia en muda rebeldía...Es imponente... Ya normalizada la respiración, más tranquilas, por otra ruta seguimos subiendo hacia “la barriga” de la montaña, veíamos a nuestra izquierda los cuarterones marrones de las grietas, que también se divisaban hacia la cumbre, por lo que prudentemente cerca ya del “topito” de la misma, no subimos a él. Nos detuvimos en sitio seguro para abrazarnos por el logro y la euforia de alcanzar la cima (estábamos a 5.250 m.s.n.m.), colmar nuestros sentidos con tanta belleza magnificente, tomar fotografías y comer alguito.
Por razones obvias no estuvimos allí mucho tiempo, el sol ya calentaba fuerte y comenzaba a derretirse la nieve. Unas negras nubes acompañadas con densa neblina amenazaban con cubrir la cima pronto. Bajamos al campamento. En él encontramos compañeros colombianos que también pretendían subir la montaña. Esta noche muy animadas con una buena cena preparada por Grisel, "La Chef del Cocuy" y por el logro de nuestro primer objetivo, dormimos placidamente.
Kanwara...
Cumpliendo su promesa, Edgar se presentó a las 9 de la mañana. Recogimos nuestros “peroles” montándolos en los caballos. Grisel también pidió un caballo para bajar ella. Desandamos el camino y temprano llegamos de nuevo al “Alto de la Cueva”. Allí nos despedimos de Edgar y de los soldados que tan amable nos trataron. Acá también nos recogió el Sr Antonio Estepa en su jeep Nissan, y nos trasladó por entre tantas versiones de verdes en diferentes paisajes, robustas vacas peludas pastaban imperturbables junto a gordos corderos y nerviosos caballos bebiendo agua en cristalinos arroyos, una escena bucólica típica de los cuentos de Andersen, con un viento frío que nos sonrojaba la cara, hasta el sitio denominado Las Cabañas de Kanwara.
Estas cabañas están ubicadas en un Estadero: “El Cordoncillo” a cinco minutos del poblado Panqueba. Tipo chalet suizo son apenas cuatro (una de ella se quemó hace tiempo y no ha sido restaurada) y la casa grande que funge de restaurant y alojamiento administrativo. Confortables, con 2 pisos y ático, estar, cocina, baño con agua caliente y chimenea en la sala. Es un buen sitio de hospedaje. Camas cómodas, todo el confort que uno agradece después de una larga abstinencia de comodidades. La comida es exquisita. Y los precios solidarios. Situadas en una gran área de colinas, donde corretean a sus anchas los corderos. El aire brillante y transparente. Una belleza natural que invita a que la caminen. Desde cualquier ángulo que una mire distingue el glaciar del Rita Cuba Blanco, el Campanillas y aún el Pan de Azúcar.Fuimos benditas con los días despejados y claros, de sol fuerte y caliente. Nos deleitamos observando la cresta máxima de los Andes Orientales Colombianos.
Esa noche tuvimos una rica cena, con un hirviente tazón de sopa, que en el intervalo de llevar la cuchara del plato a la boca, el líquido se enfriaba. Luego instaladas en nuestras mullidas y calientes camas, dándonos el lujo de tener su habitación cada una y poder “roncar” a nuestras anchas, arrebujadas en las cobijas gruesas de lana, dormimos el sueño “de las justas”.


En busca del Rita Cuba...

Después del opíparo desayuno preparado por nuestra Chef Grisel, sin prisas, esperamos a nuestro nuevo arriero y otro caballo. Grisel decidió no subir esta vez. Acompañadas con 3 soldados (Jefe y subalternos) con rumbo al Rita Cuba Blanco, comenzamos a caminar por un costado de la montaña, casi siempre a orillas del río San Pablín. No hay casi planos, es pendiente todo el tiempo, pero tomándolo con calma se hace placentero, más si tenemos tanto que admirar en el entorno. Íbamos lentas debido a la altitud. Muy pronto la milicia nos dejó atrás, lo mismo que el arriero. Son tan diversos y diferentemente hermosos los escenarios que atravesábamos que no sabíamos que fotografiar primero, uno más bello que el otro. No vimos sino una casita por allí, más nadie...Después de no sé cuantas horas (a menos que sea necesario, no veo el reloj), llegamos al sitio donde montaríamos nuestras carpas.

….Piedras y piedras…Aguas corriendo por todos lados en arroyuelos (se me asemejó mucho este terreno al de la cima del tepuy donde está nuestro Salto Ángel). Lucy escogió un buen sitio resguardado por rocas grandes, donde si llovía, como es regla acá, el agua no corriese por debajo de nuestros pies...El arriero se despidió hasta el día siguiente en la tarde...Abrimos nuestras carpas, esta vez una de ellas sería de depósito porque en la otra dormiríamos las tres juntas…A 5.000 metros, el frío sería intenso, pensábamos.
Ahora estamos solas en la montaña, no hay ni un alma, no se oye ni un trino de pájaro…Solas y aisladas…De pronto sentí leves golpes en la cara y el cuerpo, pensé que alguien me lanzaba piedritas, pero no. Era granizo suave que caía , lluvia de piedritas de hielo intermitente por un rato que posteriormente se convirtió en una nevada brillante...Espectáculo sublime, soberbio, que hizo asomar lágrimas en nuestros ojos, la emoción de estar allí, contemplando algo tan puro...Lloré de agradecimiento por tanta belleza, de euforia y felicidad por haberme sido permitido contemplarlo. Esa noche bajó aún más la temperatura, pero lo supimos por el barómetro, pues por fortuna no lo sentimos. Arropadas, juntitas nos dábamos calor, pasamos una noche tranquila.

Cumbre!!!

Muy temprano nos levantamos. De nuevo la consabida gelatina y galletas, con morral de ataque comenzamos la marcha. La luminosidad de la luna hacía que no necesitáramos la linterna, el entorno era visible claramente. El acercamiento hacia el glaciar del Rita Cuba Blanco ( 5.330 m., máxima altura de la sierra ) esta vez fue más fácil. Se va subiendo por senderos angostos, primero entre plantas, flores y frailejones muy bellos que luego se van tornando en suelo inhóspito y de rocas altas y luego de este trecho largo, nos encontramos con uno de placas de piedra, algunas con dificultad para cruzarlas. Intervalos para hidratarnos y tomar fotografías...Se ve en el ocaso la luna, pequeña luz que avisa el amanecer...Ahora estamos a orillas de una "lengua" del glaciar...Se ve muy grande, muy suave de inclinación...Nos colocamos los implementos para caminar la nieve…Rogamos no encontrar grietas esta vez...La cordada es de tres…Solas….Parecemos desde lejos tres mosquitas sobre una capa de azúcar muy blanca...Una inmensidad nívea…Me da pena dejar mi huella en ese suelo impoluto. A un lado vemos parte del Pico Rita Cuba Negro, dicen los expertos muy difícil de escalar...Vemos allá no tan lejos, nuestra meta la cumbre del Rita Cuba Blanco...Jadeantes y fatigadas por la altura y el esfuerzo, llegamos…Una gloria...Que hermosura de paisajes se presentan ante nuestra vista, no hay viento, el sol espectacular nos da una calurosa bienvenida. Nos sentamos en la nieve...Aún no consigo asimilar lo que he hecho…No lo creo...Con tranquilidad contemplamos esta maravilla. Imponente, un espectáculo de gran magia...Aquí se reune como en una suave dimensión la antigua historia del planeta y el hombre actual. Acá en este momento sublime de nuestra meta alcanzada, disfrutamos de la calidez de la mutua compañía compartiendo la paz y la armonía de la naturaleza. Después de una larga sección de fotografías bajamos al campamento y esperamos a que viniera nuestro arriero a buscarnos. Cayó un fuerte chaparrón de agua y hubo que esperar a que acampara para recoger las cosas. Detrás del arriero que pronto se perdió de vista, nosotras bajamos chapoteando barro, el camino se hizo de pantano, corría agua por doquier confundiendo la senda, ello nos hizo retrasar la marcha llegando muy tarde a la Cabañas, donde Grisel nos esperaba ansiosa y angustiada, y los militares se aprestaban a salir en nuestra búsqueda creyendo que nos había pasado algún mal percance. Era ya de noche, las 7.30...
Un crepitante fuego de chimenea acompañado de una caliente y apetitosa cena nos esperaba, nos quitamos la ropa mojada y luego de cenar nos "zambullimos" en la cama....Ahhh! delicioso...
Personalmente no supe ni como llegué a la mía, de un solo envión me dormí profundamente hasta la mañana siguiente.

Las aguas termales de Guicán!


Luego de una ducha caliente, desayunamos copiosamente las delicias que nuestra Chef preparó...Llegó el Jefe de los soldados, quería saber de nuestra salud, conversamos un rato, desayunó con nosotras y junto con dos subalternos nos ayudaron a guardar el equipaje que esta vez fue trasladado hasta el jeep del dueño de las Cabañas, señor Hernando, quien junto con sus simpática esposa e hija nos llevaron hasta el pueblo de Güicán. Precioso y limpio, como de juguete, para despedirnos luego en las instalaciones de Aguas Termales…
Mucho tiempo disfrutamos de la piscina de esta agua caliente, no mineral, relajando nuestros adoloridos músculos y desentumiéndonos del frío de tantos días...Con cierto pesar al fin salimos del agua pues debíamos tomar el último autobús que nos llevará al Cocuy. Una vez aquí comimos en un restaurant muy nombrado en la zona y de inmediato subimos al transporte con rumbo a Capitanejo, para hacer el mismo trayecto de la venida…
El regreso...

En Cúcuta, el domingo 18 fuimos a entregar al DAS en la frontera la visa que nos dieron, como señal de abandonar el país.
Una vez en San Cristóbal y ya en tierra venezolana de nuevo llegamos muy temprano, lo que nos permitió explorar la ciudad de fiesta por el ser el Día del Niño, e invadida por muchos atletas ya que se realizaban los Juegos Nacionales…En la noche y sin problemas tomamos el bus rumbo a Caracas.
Llegamos sin tropiezo alguno a las 6 de la mañana (a El Valle, pero desde allí al Terminal de buses en Parque del Este tardamos 2 horas más)…De nuevo la angustiante ciudad…
Ahora cada una de nosotras* (Lucy se quedó en Mérida donde vive), alegres, animadas y felices retornó a su casa, con una nueva y maravillosa vivencia en su haber.

* Luz Marina Rincón, Marta Martos, Grisel Urdaneta y Edilia C. de Borges.

Fotografías: Marta Matos.

Nos vemos en la próxima!!!