Es una instalación pequeña, pero organizada, ventilada y limpia. Al bajar del avión un brutal golpe de calor nos recibe con fuerza. Nos esperan acá Virgilio, nuestro organizador de logística y Elbis quien será el paciente guía en esta fascinante aventura. Objetivo: Subir hasta la cima del Tepuy El Cuao, lugar distante río Orinoco arriba, en plena selva amazónica. Retirados nuestros pesados morrales, en amplia camioneta somos trasladadas a 20 minutos hacia la ciudad, donde está nuestra posada. Nos cambiamos de ropa, dejamos guardado lo no indispensable y de una vez, en la misma camioneta, nos dirigimos ahora hacia el Puerto de Samariapo, distante unas 2 horas de Puerto Ayacucho. En el camino nos comimos “un taquito" de empanadas y jugos, observamos la piedra famosa de “La Tortuga”, el cerro de Piedras Pintadas, un herrumboso y solitario cañón antiguo escondido entre la maleza…Ya a la 1.53 de la tarde estamos en el puerto, esperándonos el bongo “Yutaje V” con motor fuera de borda, capacidad para 30 personas más enseres.Como nosotras éramos 6, pues estaríamos “hacinadas”. La carga, comida e implementos para 8 días ya estaban dentro. El piloto “Luis” daba los últimos toques de revisión. Entusiasmadas, nosotras observábamos los mil y un detalles de la actividad en el colorido y animado puerto: de una a otra barca se hacían compras y trueques de variadas mercancías, curiosas e inquisitivas miradas de los lugareños se enfilaban a nuestras personas como preguntándose: ¿Qué les daría a esas mujeres para irse río arriba cargadas de pesadas mochilas?...Nosotras, alborozadas y reidoras, con mirada expectante, tomando fotografías a diestra y siniestra…Todo listo, el bongo salió de Samariapo a las 2.30pm. Se nos ofrece un refrigerio y a las 4.50pm, soñolientas, llegamos al sitio denominado “La Boca del Cuao”, desviándonos a la derecha navegamos ahora el río Sipapo.
Visitamos la Comunidad de Panare, solicitamos al señor Jaime (indio Piaroa) quien nos permitió que montáramos nuestro primer campamento en una zona de su propiedad a la orilla del río. Allí hay una techumbre de palma moriche sostenida en armazón de troncos de madera fuerte, sin paredes. Mientras Elbis, Luis y Leonel montaban los chinchorros con mosquiteros, encendían una fogata (posteriormente Monique se encargaría de mantenerla encendida) y montaban la olla para el condumio nocturno, nosotras colocamos nuestro “peroles” donde mejor estuviesen y de inmediato nos sumergimos en las cobrizas y frescas aguas. Posteriormente nos “bañamos de repelente” y luego de la cena y de una breve tertulia sentadas en una gran roca, pronto nos “enchinchorramos” a dormir, las tensiones del día nos rindieron al sueño. Esa noche llovió un poco, cosa que no nos importó para dormir muy bien. Temprano, al día siguiente nos levantamos con el olor del café recién hecho y la leña quemada. Tomamos el rico desayuno, recogimos nuestras cosas otra vez y de nuevo a navegar en esas aguas de color ocre que relucían al sol y que de tanto en tanto se interrumpían con el surgir de grandes rocas de paredes cortadas a picos como centinelas.
Pasamos el raudal “El Muerciélago”, el de Picure. Algunas veces desembarcamos para visitar otras comunidades asentadas en las orillas del río, probamos allí un fruto “Copoazul”, redondeado, de corteza marrón claro, encerrando la ambrosía de su pulpa blanca de sabor agri-dulce. Dominador común de los pobladores es la timidez verbal con la cual se expresan estos indígenas, que transmite su experiencia de convivencia armónica con el ambiente en que viven, traduciéndose en poesía sencilla y transparente…Es otro mundo...Un mundo noble, simple y franco…Para el mediodía arribamos al campamento “El Raudal del Danto”.
Mientras las orillas del río se ensanchan, se estrechan y las aguas se rebelan con gran fuerza, los “rápidos” se encabritan sobre el gran lecho de piedra que desciende en anchos escalones, el agua ruge embravecida, choca, se arremolina, salpica espuma. Un ritmo extraño, enorme e irregular que con cada golpe contra la roca parece hacer temblar la ecuanimidad de mi alma…Sólo hasta acá puede llegar el bongo... Esa noche dormimos en las rústicas pero confortables instalaciones. Nuestros chinchorros al aire libre observando el negro cielo salpicado de infinitas luces. Reclutando en la comunidad a quien sería nuestro baqueano, y dos porteadores más, uno de ellos una mujer...Eunice Mabaricuna, indígena Piaroa quien me asombraba todo el tiempo con su andar galano y elegante de pasarela y eso que llevaba en su espalda un wayare (cesta tejida para trasladar carga) de 15 kilos sujeta a su frente con una cinta de Macagua (liana vegetal sumamente resistente) y sus pies descalzos.
La vegetación densa, miles de palmeras, al menos una docena de especies, ruidos que no habíamos oído (rugidos de monos aulladores y gritos de loros) rebotan a través de la espesura como saludos de viejos amigos. Hierbas pantanosas, arbustos bajos.
Dos horas apenas y llegamos al otro campamento situado a orillas del río Cuao…”El Salto de Piedra”. Ahora, por primera vez, avizoramos con mayor nitidez el tepuy. Imponente… Pensé... subiremos... alcanzaremos la cima... Acá, el río es un solo tobogán de 6 o más metros de ancho. El agua se vuelca con furia, a trechos blanco de espuma. Su rugido es fuerte, arrullaría esa noche nuestro dormir...Bajo el techo de la churuata sin paredes, abrimos nuestras carpas y luego de la última cena cómoda que tendríamos por unos días, se abrió el “garito tropical”, donde algunos demostrarían su astucia, sapiencia y adicción al juego del dominó. Antonio ( guía Piaroa ), alardeó de ello ganando todo el tiempo. A la mañana siguiente con cautelosos pasos de pies desnudos y ayudadas por los Piaroas, atravesamos el río con su lecho resbaloso de roca y algas, hacia nuestro objetivo: tepuy El Cuao ( tepuy en lengua indígena significa montaña). Su formación se remite a 400 millones de años. Es una “Isla en el tiempo” como alguien lo llamó, que se levanta abruptamente en pared vertical y con vegetación diferente en su base y en su cima..El Cuao tiene 1.400 m.s.n.m., según nos cuenta nuestro guía y baqueano. A él sólo han subido 4 expediciones, con la nuestra, sin llegar a la cima. Es una formación de meseta inserta en la Serranía del Cuao.
Aunado a las manifestaciones culturales de los diferentes grupos indigenas, el paisaje de la selva, la presencia de innumerables aguas claras, rojas, negras, los saltos, raudales, cerros...este tepuy constituye un escenario de inigualable belleza que nos atrae hacia él como un imán. Esa mañana nos esperaba un largo y empinado camino que nos llevaría hasta “El Mirador” donde acamparíamos para luego atacar la cima...De nuevo el calor y la humedad reinante nos hace jadear; sin embargo las novedades y sorpresas que a cada recodo encontramos, (tarántulas enormes, raíces gruesas enrolladas como crinejas, Guambe - lianas muy cotizadas en la civilización -, Pandare - resina usada para tapar orificios y curar heridas -, Paují - pájaro -, Carana - resina del árbol para encender fuego-), … no daba lugar a sentir cansancio. Llegamos a un sitio despejado donde las inmensas formas rocosas parecían una corona obispal invertida, sombra y resguardo. Descansamos y comimos, pero al ver que llevábamos un muy buen tiempo decidimos seguir subiendo ese día para hacer campamento más cerca de la base del tepuy. Encontramos dificultad para subir las altas y resbalosas rocas, pero con ayuda lo hicimos...Arriba, el terreno se está volviendo delicado...El cuidado es extremo, el piso es sumamente frágil y hay muchos hoyos cubiertos con falsos musgos...Debemos escalar grandes piedras para poder continuar, utilizamos cuerdas y troncos cortados. El machete del baqueano no tiene reposo al desbroce de tanta maleza..Si hubo alguna vez sendero, ahora está escondido, tupido de vegetación. Sin aviso, una fuerte lluvia comienza a caer. Nubes negras cuajaban el cielo aumentando la sensación yerma. Enfrente, una enorme y sólida pared por donde se escurrían hilos delgados de agua, bautizamos ese sitio como “Las lágrimas del Cuao”. En la lluvia la inmensidad del paisaje era engañosa, debajo de nosotras un mar de nubes cubiertas de algodón borraban hasta ahora el visible río, el cielo se arremolina en mil tonalidades de grises y azules, los colores mezclándose con el follaje con lentitud y sutileza, que sentía que perdía el equilibrio y caía. Todo era monte mojado, no había porqué seguir caminando, habría que buscar refugio y pronto, antes que cayese la noche, la lluvia proseguía...No había lugar llano para montar campamento, así que en el camino mismo lo hicimos. Los ágiles y rápidos Piaroas desyerban, trozan, alisan terreno, disponen horquetas, le tienden un techo de plástico rígido que llevan e instalan un refugio. Limpian también 3 sitios donde se colocan en precario desnivel nuestras carpas...
"Ya, listo"..Tenemos un amplio refugio..."Rancho Grande" le ponemos de nombre...Se enciende el fuego, una bebida caliente, un emparedado gustoso y todos con las ropas mojadas, nos acercámos unos a otros para buscar el calor...Un poquito de conversación y rápido a dormir, sigue lloviendo...En la mañana todos de pié en el barro, ropa húmeda, casi sin hambre, comemos algo y bajo el calor que ya se anuncia, dejamos el campamento para comenzar la ascensión a la última etapa...Ahora la pendiente es fuerte, a veces es también difícil por los obstáculos a salvar de rocas y paredes. Bastante peligroso, los pies se hunden en un colchón vegetal apenas sostenidos por troncos que sin aviso se rompen intempestivamente, las raíces firmes para agarrarse hay que buscarlas tanteando, el terreno es delgado. A veces el paso es tan angosto entre la pared de roca y el abismo, que hay que colocar un pasamano de cuerda...Formaciones geológicas monolíticas que surgen, fuentes de agua que más que fluír, explotan y hay que atraversarlas. Levitan columnas de niebla fría que nos estremecen, nos apretamos debajo de nuestros ponchos atizando la humedad del plástico con nuestro calor corporal hasta extremos insoportables. Empapadas y ansiosas, poniéndo toda nuestra fuerza en los dedos que encontraban pequeñas grietas y protuberancias, poco a poco subíamos en silencio tratando de no molestar al Espíritu Salvaje Mawari que se mete en el cuerpo y el único que puede sacarlo es el Chamán (curandero). Adriana una y otra vez se le va la mirada a su altímetro...Subíamos en forma abrupta pero con gran conciencia y orgullo contorneando los costados de la pared con todos los esfuerzos concentrados en llegar a la cumbre… Y lo hicimos…Habíamos salido del último campamento...”El Sabararí del Cuao” a las 8.30 de la mañana y alcanzamos la cima a las 11.30am. Estábamos en una curva formada por rocas, no paraba de llover, el cielo era gris, todo era neblina y un fuerte viento se alzó produciendo un gran rumor...Queríamos llegar aún más allá, Elbis nos había hablado de una laguna y otras maravillas...pero se impuso la prudencia…Ese tiempo, el desbroce del camino que retrasaría la caminata, y contando las horas que nos llevaría el descenso que habría de ser más lento, nos hizo concluir que era peligroso continuar...Después de almorzar bajaríamos...Mucha cautela para bajar y mientras lo hacemos el tiempo comienza a cambiar, hay un tímido sol asomándose, para cuando llegamos al campamento el cielo está despejado. Parecería que el tepuy no quería que lo conociéramos del todo...Ya con nuestro objetivo alcanzado, al día siguiente regresamos lentamente al Salto de Piedra, donde nos dimos el gran baño purificador y con las cabezas coronadas y enjoyados nuestros brazos con tiaras y pulseras trenzadas hábilmente con lianas por Eunice, y nuestros recuerdos vívidos de la culebra asustadora de Marta, los gritos angustiantes de Ana T. por la presencia de cucarachas en su mosquitero, los misterios y leyendas narrados por los Piaroas, no sin antes darnos el último baño en el Raudal de los Murciélagos, regresamos a Puerto Ayacucho, ya sólo nos restaba conocerlo. Visitamos entonces el magnifico Museo Etnológico, el mercado artesanal, el pueblo colombiano de Casuarito (atravesando el Orinoco) y como colofón felíz de esta aventura el restaurant La Pusana (nombre de un perfume vegetal que atrae al sexo opuesto). El dueño del establecimiento pensó que también atraería a los comensales...Allí el festín fue de fábula, el opíparo almuerzo lo constituyeron exóticas carnes de caza: váquiro, danta, chiguire...sopa de “Ajicero”...picante, picante…picillo de pescado...crocantes bachacos gigantes, casabe, mañoco - harina de yuca -, Catara, picante , Yucuta (jugo de fruta mezclado con mañoco) de Manaca, Seje, Túpiro y postre de Túpiro servido en su misma corteza y en plato de arcilla…Y así culmina nuestra excitante aventura a El Cuao…de las seis "sabararí"... felices...hermanadas por la convivencia de 8 días de un interesante viaje que colmó nuestras expectativas.Edilia C. de Borges



Listo el trámite, ingresamos a la ciudad de Cúcuta y fuimos al Terminal de Autobuses, cambiamos dinero de bolívares a pesos, almorzamos por allí mismo (no es prudente alejarse mucho del Terminal). Eran las 4.20 de la tarde y el autobús saldría a las 6 p.m., por ello nos sentamos a esperar que fuese la hora de salida del autobús para trasladarnos a Capitanejo. (Línea Concorde). En un autobús no tan cómodo salimos a las 6 p.m.. y atravesamos los pueblos de Pamplona, Chitagá, Cerrito, Concepción, Málaga, Guacamaya, El Espino y Panqueba, llegando a Capitanejo a las 3 a.m.,(debido a la hora y la obscuridad casi total no pudimos observar casi nada del pueblo). No tuvimos que esperar mucho, de inmediato hicimos traslado a un nuevo transporte de la misma Línea que nos llevaría esta vez hasta el pueblo de El Cocuy. Transitamos por una carretera de tierra, dando tumbos por los baches en ella. Llegamos temprano casi a las 7 a.m.
La regenta un joven matrimonio con un bebé, simples y sencillos que apenas nos saludan e indican la habitación nos dejan solas...Aparte de su construcción antigua descuidada y muchos tiestos con hermosas flores en un patio central, no tiene nada de especial. Digo sí: el agua caliente en la ducha…Pero no importa, para nosotras será sólo un dormitorio ocasional. Nos instalamos en un cuarto grande con cuatro camas. Ese día en el pueblo celebraban una Feria Ganadera, así que curiosas, dejamos nuestras cosas y nos fuimos a recorrer el pueblo, hacer compra de última hora de algunos víveres y solicitar el permiso de entrada al Parque. Por cierto que en las oficinas del PNN, fuimos atendidas muy bien por dos jóvenes encargados. Cancelamos el valor de ingreso al parque ($ 20.000 c/u.). Aturdimos a preguntas a los jóvenes funcionarios, ellos nos facilitaron planos y literatura diversa y hasta nos ofrecieron su colaboración (tienen allí un banco de datos para ello) para conseguir transportes y cualquier otro cosa que nos hiciera falta. Eficientes y cordiales. Pasamos por una calle cerrada en sus extremos con conos plásticos para impedir el paso de vehículos, allí están las instalaciones de la policía local, en una de sus esquinas levantaron una “trinchera” de sacos de yute color verde olivo y rellenos de arena, con una pequeña abertura como puerta a un costado y al frente una ventana con fines de observación. Esto está calculado a los fines de defensa de la Institución, si se diera el caso, que ya lo hubo en el pasado, por parte de guerrilleros. Almorzamos en la “Feria”, instalada en una de las calles, concurrida y con atracciones para niños y jóvenes con puestos de venta diversos. El desfile de ganado ya había pasado. Allí hay unos galpones con diferentes cubículos en donde señoras ofrecían comida casera. Nos sentamos a la mesa de uno de ellos y lamento decir que no pude tomarte el “Mute” (sopa a base de maíz) ni comerme aquella enorme costilla de cordero asada, chorreante de grasa. Me contenté con una bola de masa de maíz rellena con algo, tipo pastelito y algunos dulces y gaseosa...Esa noche estuvimos largo rato en un “Café” instalado en el 2do. piso de una casa enfrente de la plaza.
Cálido y acogedor. En la carta se ofrecía “Capuchino”, con el friíto que hacía me provocó y lo pedí:Recibí un humeante tazón de leche caliente, con olor a café y con unos cuantos granos de canela flotando en su superficie…Me imagino que es al estilo “Capuchino-Cocuy”. 
Respetuoso, amable, servicial y risueño el chofer del bus cada tanto lo detenía , para subir pasajeros o bajar leche. Variopinto los pasajeros. Uno llevaba en sus brazos un gallo de pelea, otra una cesta con frutos, las señoras todas con un sombrero pequeño de fieltro en la cabeza y un manto a los hombros, cruzado en el pecho, recordando a las señoras de Bolivia...Subió un grupo de muchachos que también ascenderían la montaña pero por otra ruta (nos acompañarían un trecho cuando camináramos)...Lentamente el bus ascendía la ladera por una carretera angosta y polvorienta.
Con visión de paisajes preciosos tocados por una orilla de sol…Llegamos al "Alto de la Cueva" , nos esperaba un arriero y dos caballos fuertes, hermosos y mansos y también nos esperan soldados destacados en la zona. Corteses nos interpelaron y solicitaron nuestros documentos de identidad, tomando y escribiendo nuestros datos, cediéndonos luego el paso con sus buenos deseos…Tienen mucho tiempo por allí ( lo supe hablando yo con algunos de ellos, casi hasta 7 meses sin ver a la familia). Este procedimiento se repetiría una y otra vez por el camino, la zona está militarizada completamente. A veces veíamos su campamento, otras no, pero nos sabíamos observadas. Con nosotras siempre fueron muy amables, respetuosos y solícitos, Cordializamos con ellos. Ayudaron al arriero a montar nuestras cargas en los caballos, nos tomamos fotografías y les obsequiamos con golosinas que en mucho tiempo no han podido saborear. Dejamos a los soldados y comenzamos ahora la caminata. Edgar Arciniegas (el arriero) y sus caballos pronto nos dejaron atrás...Me invitó a subir en uno de los animales y acepté gustosa para facilitarme las tres primeras subidas, pero casi de inmediato me arrepentí, la falta de costumbre y el montar “a pelo” resbalándome continuamente, me hicieron bajar. Sin embargo como el camino ahora era de bajada me fue muy fácil caminar…Sola (sabiendo al arriero adelante y a mis amigas atrás) pronto llegué a un paraje llamado “Hotelito”, es un área escondida entre piedras, hierba corta y arbustos no muy altos, con un manantial escondido de donde sale un pequeño y frío riachuelo . Resguardado del viento es un lugar idóneo para acampar. Estamos en la zona llamada Lagunillas, si se sigue el camino hacia la derecha está la Laguna Pintada, otro sitio muy bello para camping, pero abierto al viento. Junto a Edgar y los caballos esperé un breve tiempo hasta que llegaron mis compañeras. Llegaron y Edgard se despidió con el compromiso de ir a buscarnos a los dos días en el mismo sitio.
Nosotras armamos nuestras carpas, curioseamos los alrededores (hay avisos de señalización hacia : Pico Pan de Azúcar, otro El Púlpito -5-007 metros y Recomendaciones para el usuario), cenamos y nos dispusimos a dormir apenas obscureció, cansadas de tantas emociones, además al día siguiente subiríamos al Pico Pan de Azúcar muy temprano. Una esplendorosa luna llena nos iluminó, un frío tolerable. Pudimos descansar muy bien.

Desandamos el camino y temprano llegamos de nuevo al “Alto de la Cueva”. Allí nos despedimos de Edgar y de los soldados que tan amable nos trataron. Acá también nos recogió el Sr Antonio Estepa en su jeep Nissan, y nos trasladó por entre tantas versiones de verdes en diferentes paisajes, robustas vacas peludas pastaban imperturbables junto a gordos corderos y nerviosos caballos bebiendo agua en cristalinos arroyos, una escena bucólica típica de los cuentos de Andersen, con un viento frío que nos sonrojaba la cara, hasta el sitio denominado Las Cabañas de Kanwara.
Tipo chalet suizo son apenas cuatro (una de ella se quemó hace tiempo y no ha sido restaurada) y la casa grande que funge de restaurant y alojamiento administrativo. Confortables, con 2 pisos y ático, estar, cocina, baño con agua caliente y chimenea en la sala. Es un buen sitio de hospedaje. Camas cómodas, todo el confort que uno agradece después de una larga abstinencia de comodidades. La comida es exquisita. Y los precios solidarios. Situadas en una gran área de colinas, donde corretean a sus anchas los corderos. El aire brillante y transparente. Una belleza natural que invita a que la caminen. Desde cualquier ángulo que una mire distingue el glaciar del Rita Cuba Blanco, el Campanillas y aún el Pan de Azúcar.
Fuimos benditas con los días despejados y claros, de sol fuerte y caliente. Nos deleitamos observando la cresta máxima de los Andes Orientales Colombianos.
Luego instaladas en nuestras mullidas y calientes camas, dándonos el lujo de tener su habitación cada una y poder “roncar” a nuestras anchas, arrebujadas en las cobijas gruesas de lana, dormimos el sueño “de las justas”.
Intervalos para hidratarnos y tomar fotografías...Se ve en el ocaso la luna, pequeña luz que avisa el amanecer...Ahora estamos a orillas de una "lengua" del glaciar...Se ve muy grande, muy suave de inclinación...Nos colocamos los implementos para caminar la nieve…Rogamos no encontrar grietas esta vez...La cordada es de tres…Solas….Parecemos desde lejos tres mosquitas sobre una capa de azúcar muy blanca...Una inmensidad nívea…Me da pena dejar mi huella en ese suelo impoluto. A un lado vemos parte del Pico Rita Cuba Negro, dicen los expertos muy difícil de escalar...Vemos allá no tan lejos, nuestra meta la cumbre del Rita Cuba Blanco...Jadeantes y fatigadas por la altura y el esfuerzo, llegamos…
Una gloria...Que hermosura de paisajes se presentan ante nuestra vista, no hay viento, el sol espectacular nos da una calurosa bienvenida.
Después de una larga sección de fotografías bajamos al campamento y esperamos a que viniera nuestro arriero a buscarnos. Cayó un fuerte chaparrón de agua y hubo que esperar a que acampara para recoger las cosas. Detrás del arriero que pronto se perdió de vista, nosotras bajamos chapoteando barro, el camino se hizo de pantano, corría agua por doquier confundiendo la senda, ello nos hizo retrasar la marcha llegando muy tarde a la Cabañas, donde Grisel nos esperaba ansiosa y angustiada, y los militares se aprestaban a salir en nuestra búsqueda creyendo que nos había pasado algún mal percance. Era ya de noche, las 7.30...

Una vez aquí comimos en un restaurant muy nombrado en la zona y de inmediato subimos al transporte con rumbo a Capitanejo, para hacer el mismo trayecto de la venida…
